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martes, 29 de junio de 2010


Si votamos, vencemos...


* Como el Cid, Rodolfo Torre Cantú ganará el 4 de julio

* No es hora de derramar légrimas

* Vamos a votar

Por Mario Andrés Aquino López.
De acuerdo con la decisión del Instituto Electoral del Estado de Tamaulipas, luego de la muerte de Rodolfo Torre Cantú quien fuera su candidato a Gobernador por Tamaulipas, la Alianza todos Tamaulipas puede designar un candidato desde el día 28 de junio hasta el día 3 de julio de acuerdo con el artículo 217 del Código Electoral.
Sin duda, los ciudadanos votarán por la figura de Torre Cantú que es la que aparecerá en la boleta electoral.
De modo que aún muerto, habrá ganado no sólo las elecciones del 4 de julio próximo sino que, paradójicamente, habrá vencido ante la sociedad tamaulipeca, ante el país y el mundo, a la delincuencia organizada o a cualquiera que haya ordenado y ejecutado su muerte, porque los objetivos de éstos últimos no se cumplieron.
Se dice que el Cid Campeador ganó su última batalla ya muerto, y es así como lo cuenta la leyenda:
Mio Cid el Campeador gana su última batalla. Han pasado muchos años, ya está viejo el Campeador. Aunque pelea igual que antes y cabalga con vigor, necesita de ayudantes para ir al tocador. Los moros saben esto, y desean vengarse de todo lo que Rodrigo Díaz les ha hecho. Sin aviso previo atacan Valencia, sale a recibirlos Mio Cid el Campeador, junto a toda su mesnada, Minaya, Muño Gustióz, Martín Antolínez, el Burgalés de pro, y Sancho Bermudez que también se animó. Van matando moros como en toda ocasión, mas en pleno campo de batalla le ha dado un infarto al Mio Cid Campeador. Minaya Alvar Fáñez reconoce muerto a su Señor. No es hora de derramar lágrimas, no lo quisiera el Campeador. Toma unos hilos de cáñamo que llevaba, amarra al Cid al caballo en guerrera posición, la cabeza de un moro le amarra a la izquierda para llamar la atención, y aprovechando el rigor mortis la derecha le deja en amenazante posición. Le da un latigazo al caballo que corre sin precaución, los moros huyen aterrorizados ante tal aparición, y gritan desesperados "No veré Carrión".
Tras la batalla es sepultado Mio Cid el Campeador; acuden al entierro los hijos de doña Elvira y doña Sol, que son Príncipes de Asturias, de Navarra y de Aragón, nietos del Cid estos son. En la lápida que cubre la tumba del difunto Campeón, un artista ha tallado la siguiente Inscripción: Aquí yace Rodrigo Díaz, Mio Cid el Campeador, que nació allá en Vivar en un año que el tiempo olvidó. Vivió de forma gloriosa, tanto así que batalló, si hasta después de muerto su última batalla ganó. Nos deja su leyenda, su legado de honor, y nos deja buena hacienda para los herederos del Señor. Y para que su historia nunca sea olvidada, es su última voluntad, que su leyenda sea contada por toda la eternidad.
Hoy, también nuestro Cid campeador Don Rodolfo Torre Cantú habrá vencido a quienes pretendieron a balazos arrebatarle el triunfo, y como en el caso de Rodrigo Díaz de Vivar, también nos deja su legado de honor, y para que su historia nunca sea olvidada, es preciso que su historia sea contada por toda la eternidad.
Así como Minaya Alvar Fáñez reconoce: No es hora de derramar lágrimas, no lo quisiera el Campeador, tampoco hoy es el momento de derramar lágrimas, con la valentía que él enfrentó a los violentos ganando la batalla con su vida, hago un llamado a todos los Tamaulipecos para que con esa valentía y hombría de bien que caracterizó a Rodolfo Torre Cantú, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, salgan a votar el domingo en honor de Rodolfo Torre Cantú.
¡Que Así Sea!

sábado, 14 de noviembre de 2009

tlaltelolco


AUTORITARISMO, INTOLERANCIA Y ¿MATANZA INÚTIL?

Por Mario Andrés Aquino López

Aquel 2 de octubre de 1968, a un paso de la celebración de los Juegos Olímpicos en México, había nubes de tormenta política en el Olimpo Azteca,el Tlatoani (gran señor) del Hueialtepetl (señorío), en vez de tacto político demostró un gran desprecio por el movimiento estudiantil acusándolo de izquierdista y traidor a la patria.

Consecuentemente, sus conceptos se tradujeron en acciones represivas, usando tal como se usa ahora, al ejército mexicano en forma por demás ilegal y además abusando de la institución y de su jefe Marcelino García Barragán que dejó su testimonio así como el comandante del “batallón Olimpia” encargado de ejecutar el plan a espaldas de García Barragán no obstante que éste les había ordenado que no quería muertos como el propio Ernesto Gutiérrez Gómez Tagle deja para la posteridad en un manuscrito publicado por la revista “Proceso”.

Se dice y no sin razón que del edificio “Chihuahua” los miembros del “Batallón Olimpia” todos ellos de la Guardia Presidencial, dispararon hacia los soldados y mataron a varios, al mismo tiempo que caían los estudiantes.

En medio de esa escena dantesca cada uno corría para donde podía, pero como estaban copados por dos flancos sólo podían hacerlo hacia las ruinas aztecas que se encuentran en la Plaza de las Tres culturas donde ocurrieron los hechos.

En esas ruinas alcanzó a saltar un amigo mío del cual sólo recuerdo su apellido: Carreto, a quien capturaron, lo interrogaron en el Campo Militar número Uno y lo liberaron gracias a una credencial que lo acreditaba como obrero, así como su edad que pasaba los cuarenta años.

Esa misma noche luego de caminar por toda la ciudad llegó a la oficina del Sindicato de La Industria Textil donde lo esperábamos ansiosos de saber la versión de un testigo presencial.

Palabras más o menos, narró lo que ya es bien sabido, el helicóptero, las bengalas, los guantes blancos, los disparos de armas de fuego que primero se hicieron desde los edificios, el “Chihuahua” sobre todo, hacia la multitud y algunos alcanzaron a los soldados que avanzaron haciendo fuego hacia arriba y al frente encerrando en una media luna a los manifestantes que caían heridos o muertos, nos dijo Carreto que a algunos los habían rematado ya en el suelo y por lo que pudo escuchar en el Campo Militar número Uno, los sujetaron a torturas.

A estas alturas se preguntarán ¿por qué no estuvo ahí quien esto escribe? La respuesta es sencilla, salimos tarde de un recuento de votos en una huelga camionera y tomé un taxi hacia la Plaza con la intención de escuchar lo que habrían de decir los compañeros dirigentes estudiantiles.

Unas diez cuadras antes estaba una valla de soldados, rápidamente le dije al chofer que dijera que iba hacia calzada de Tlalpan a un número inventado de prisa, al llegar los soldados nos separaron y nos hicieron varias preguntas, obviamente no me identifiqué como estudiante sino como trabajador de un Sindicato para lo cual mostré una credencial, respondí lo acordado acerca del lugar donde me dirigía y como las versiones de ambos coincidían nos dejaron ir señalándonos el camino que deberíamos seguir.

De ahí al Sindicato y a esperar, en momentos en que los minutos se volvían largos y corta la expectativa mientras más pasaba el tiempo, de que Carreto estuviera con vida; todos sabíamos que iba a ir al mitin porque ahí lo iba a encontrar.

Al fin llegó y nos narró lo que tengo dicho, todos callamos consternados, jamás pensamos que la intolerancia y el autoritarismo de Díaz Ordaz llegaran a tanto, nos abstuvimos de usar el teléfono y nos retiramos cuando salía el sol, al regresar en la noche encontramos la oficina sindical con la puerta forzada y los papeles revueltos como si hubieran buscado algo que obviamente no encontraron, porque de haberlo hecho nos hubieran esperado y encarcelado.

A 40 años de la tragedia, como testigo indirecto, como participante del movimiento, veo que México “camina hacia la derecha” para parafrasear a Lombardo Toledano que decía lo opuesto.

Siguen los casos de desaparecidos políticos, ahora no acusan a alguien de rojillo, por el contrario, hoy el disidente es seguramente narco-terrorista y con pruebas o sin ellas en una parodia de juicio lo encierran en prisión y tiran la llave.

Me pregunto hoy ¿sirvió de algo la sangre de cientos de jóvenes ofrecida al sangriento Huitzilopoztli Díaz Ordaz? Quien por cierto murió con la idea equivocada que había hecho lo correcto y que había salvado a México del perncioso comunismo.

Como hoy está convencido Felipe de Jesús que todo está muy bien y que los crímenes del pasado 15 de septiembre fueron causados por narcoterroristas.

México parece un perro que quiere morderse la cola y da vueltas alrededor de su eje cometiendo miles de veces los mismos errores, no obstante eso, espero que, como dijo Juárez: “nuestros hijos más valientes y más patriotas, puedan reivindicar el derecho de los mexicanos…”